Me he dado cuenta que es inevitable caer
que los golpes son más dolorosos con los años.
Parecemos más fuertes,
y nos tomamos todo más en serio,
pero nos volvemos más torpes.
Buscamos seguridad,
pero esta se nos cae una y otra vez de las manos.
El cuerpo se pone más pesado y frágil,
muriéndose de a poco.