domingo, 28 de noviembre de 2010

En la playa

Hoy amanecí en la orilla de un lago vacío de olas, pero radiante.
Esperé a que el tiempo pasara, pero las burbujas de aire se quedaron quietas.
Asumí que debía ir despacio, pero mi mente no compatibiliza con la lentitud.
El espacio se hacía más amplio y me sentí encerrada en la magnitud de esto.
Recordé que lo amargo quita las penas, esas a las que estoy condenada.
Redescubrí mi cuerpo, vi ensanchar mis venas.
Quiero saber que pasa, quien es el que escribe por mi.
Mi mente no tiene espacio de creación.
Me siento sobria dentro de un mundo borracho, y en mis borracheras veo la sobriedad del mundo.
Pienso en las caras que veo diariamente, y al instante escondo la mía, pienso en ellas como un todo, como un complemento de lo estructural, de lo arquitectónico.
Si alguna vez me viera desnuda, si entendiera lo que quiero decir.
Saco una muestra que no puedo analizar, por lo complejo que resulta resumirme humano.
Enfatizo en el resumen, porque esto lo es.
Hay que resumir todo el tiempo, resumir lo que llamamos vida y los que llamamos tiempo.
Si veo a un hombre malvado, pienso en el resumen de su vida, y así con todos, con cada personaje que aparece con resúmenes de su historia.

No hay comentarios: