viernes, 30 de septiembre de 2011

LLEH

...y caí dentro. Me envolvió una fuerza externa que me demostró el descontrol de mi alma. Supe en ese momento que los cuentos que me contaron eran ciertos. Todas las cicatrices de mi cuerpo se volvieron a abrir como heridas profundas. Mi pelo se enredo en mi cuello con el simple fin de mantenerme en una eterna asfixia.
Ya no logro ver mis manos por la oscuridad, o tal vez he quedado ciego.
Tengo miedo, no se cuanto tiempo estaré cayendo, no imagino que tan profundo es el abismo.
La temperatura ha empezado a aumentar. Me despista un golpe en la cabeza y algo brota de la contusión. Mis dedos se han convertido en pinzas metálicas, por lo que no logro sentir a través de ellos. La materia no cesa de aflorar de mi cráneo destruido, pero no puedo tocarla con estas extrañas extremidades.

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